Fragmento de El bálsamo de la indiferencia (Edit. Calima, 2008)

26/10/2008


A veces la belleza es monstruosa. Puede serlo.

 

Aquí está la raíz, aquí yace el cuerpo.

Aquí la certidumbre de que todo es estéril,

el conjuro y la magia, la expectación, la ternura.


¿La ternura también? ¿Y su alquimia sobrehumana?


[Hemos pertenecido a todas las épocas. Hemos

sellado los peores pactos. Ahora somos

la sombra ambigua de un destierro, la toma

de una ciudad en llamas, Alejandría, Cusco,

Jericó, París, Mérida, su agonía repetida]


Ahora nos miramos a los ojos.


Qué vemos más allá del molesto desasosiego

de sentirse observados, qué en la caja de Pandora,

qué tan adentro como nos hiere recordarnos

y saber que la misma historia nos condujo

a un estremecimiento tan similar como inhumano.


[Hay en el sueño pasajes terroríficos. No siento

el rostro, el corazón; sólo el parpadeo, el latido

de las arañas postergando el amanecer]


Tampoco siento el aire que me dices.


Y mira, tanto tiempo pensando y sólo eso,

y sólo en eso, en la brevedad de la vida,

a estas alturas, Dios, vaya ridículo.

.

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