de Alrededores o la mansión de las luciérnagas (Edit. Calima, 2006)

27/10/2008

 

 

El paraíso es sólo un soborno

y su precio un exceso.

 

[ Dicen que por una promesa de amor

corrió la sangre por las callejuelas

de Albac, y el traje de Elizabeth,

tras la noche de bodas,

nunca volvió a ser blanco

pero el vecindario respiró tranquilo ]

 

Deseó emigrar al Sur y lo hizo

sabiendo que sus uñas

olvidarían fácilmente

las veteadas paredes de la mina.

 

Ahora la rodea el lujo inútil

de un teléfono negro

y unas luciérnagas intermitentes

 

El señor no está en casa. En realidad

la casa está sitiada por espectros

 

y le asusta que el sol alumbre

con usura, y que las salvillas

pesen como si fueran losas

inamovibles, con relieves sórdidos

que ilustran una guerra antigua

repleta de cadenas y brillantes

antorchas.

 

[ Emir la obsequió con unos encajes

de almíbar y le habló del poder ilimitado

de la belleza. Le habló de unas piedras

que almacenaban las águilas en sus nidos

y de unos ojos que siempre la admirarían.

 

Ella se sintió entonces liviana

y así decidió qué era la felicidad ]

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: