poema de Duellum (Ed. La Lucerna, 2006)

27/10/2008


El orden es siempre ficticio

y a la ira le sucede un ligero temblor.


Es entonces cuando reconocemos

entre las ruinas

las tablas de la ley hechas añicos,

ante el asombro de una multitud

fugitiva y el acoso

de los perros hambrientos. 

 

No hay huida. Ni brújula.

Ni siquiera un pálpito.


Pero sí un hermoso paisaje desolado

y unos pájaros negros

en las ramas desiertas

de los árboles espectrales

y más al fondo el templo

y un pozo solitario

y una sombra balanceándose

entre las sogas

retorcidas y el frío.

La parálisis.


[ Esa visión la tuvo hace tiempo.

Cuando soñaba en ser otra y desconocía

que las trampas se esconden

en el lenguaje ]






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