Un Poema de Tratado de las cosas sin nombre

26/02/2010

 

La memoria es un reloj de niebla, una alarma
de luces vacilantes, la visión imprevista
de un ánfora en mitad de un desierto submarino.

Ahora el paisaje es una nube cargada de pecios,
un murmullo sonámbulo de aparecidos, un rumor
sin más orden que el caos. Desde siempre,
Dios escapa a los círculos que le tendemos.

Una mañana lo olvidé todo y planté un árbol
entre los lirios pálidos y las flores de los muertos.

Escribí la historia de mi vida sin palabras
y firmé, muy abajo, en la página en blanco

Scardanelli.

tratado

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