Edén

29/09/2012

Ahora abres la ventana y la línea recta de una sombra se pierde más allá de las calles, en un descampado y en un desierto, en un oasis que imaginas mientras te late el pulso en las venas y observas su gorjeo y piensas en el vientre de una serpiente, en los colmillos de una serpiente, en las palabras de una serpiente y tu navaja de afeitar abre en canal la fruta prohibida y bebes su jugo y te sabe tan dulce la euforia inicial como el resplandor o el estallido del posterior -e inevitable- desvanecimiento.

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