Avivamiento

08/10/2014

 

Esta es la hora de mirarse a los ojos y de atender a la complicidad absurda del discurso o del deseo. De iluminar el perfil oblicuo del rostro y caer al suelo, de inmediato. De arrastrarse hasta donde la ceniza revolotea y crepita. De prender, entonces, fuego a todo: afuera y adentro. Al hogar y al paisaje, a la conciencia y a sus zonas de sombra; y que el cuerpo y el alma rindan, finalmente, sus oraciones conjuntas, los últimos efluvios simultáneos de su ser en el tiempo.

 

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