Recapitulación

07/02/2017

 

Fue durante el destierro cuando todas las fuerzas del universo

nos empujaban hacia el desastre de los días sin más brújula

que un único árbol en mitad de todos los caminos. Hablo de Teneré

y los desiertos del insomnio y la fiebre. Hablo de alguna buhardilla

en las ciudades próximas a los polígonos industriales del Vallés.

Hablo del infierno en el casco antiguo de Palma

o de la muerte fulminante

                                         (de la inocencia)

                                                           en alguna callejuela entre la niebla

y las dos torres de Valencia. Hablo de cualquier otro lugar

inverosímil, donde quise desafiar al trueno y también a la luz

que lo precede. Desde entonces alguien sigue mis pasos

con la misma atención con que me ausculto cada noche

y dejo luego que la sangre fluya suavemente hacia las gárgolas

y los acantilados del alba. No voy a poder dormir en siglos

ni abandonar esta vigilia sin pausas, este cuadro infernal,

este revuelo interminable de amapolas que me arde en las manos

y deja su ceniza imaginaria en mi pecho. Parece que Dios

brota en algún lugar muy adentro, pero que sólo se manifiesta afuera.

 

  

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Alguien me está esperando ahí afuera
entre la escarcha y el fuego, el resplandor harapiento de los elementos,
la voz ronca de quien ordena las galaxias
según su nombre auténtico y se coloca un manto estrellado
sobre los hombros y la híspida, electrizada cabellera
cayendo como rayos y truenos sobre mi piel clueca,
el cántico hechizado de las viejas sirenas, el grito
del ángel y el clamor de las comparsas
camino del infierno o de la tierra,
la presencia escondida y difusa con la que llevo intercambiando
secretos y suspiros desde siempre. Desde el principio
de las constelaciones, los astros, mi edad verdadera.

[…]

23/06/2015


Esta generación no verá satisfechas sus ilusiones

y la próxima no sabrá reconocer el mérito

de este trabajo a contracorriente

de construir a medias y destruir por completo.

 

Pasión Impresa, 1984noesdificil

Poema de papel

28/04/2015

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Voy desapareciendo poco a poco. Lo sé,
aunque intente ignorarlo. Ordeno mis papeles
y un rumor decreciente me indica que el tiempo
va cerrando sus círculos y agotando mis oraciones.

Sin embargo, también sé que el tiempo no cierra
ni agota nada.
                       Sólo hace que ir pasando páginas
en busca de la hoja en blanco
donde estampar el último sello y ni una palabra de más.

Pero estas manos moldearon el barro húmedo y construyeron

templos y estatuas, áticos entre las nubes y buhardillas

desde las que entrever el mundo sin ser visto. El viejo Juan 

me mira, mientras el joven Juan corretea y yo los observo 

a ambos y los sé iguales y el mismo, la misma sombra 

oblicua que se busca sin hallarse y se pierde en sí misma; 

y así se culmina. Como aquel chopo de luz de Juan

Ramón Jiménez, en Madrid, contra el aire turquesa del otoño.