Hipertelía, 1982

30/04/2015

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Avivamiento

08/10/2014

 

Esta es la hora de mirarse a los ojos y de atender a la complicidad absurda del discurso o del deseo. De iluminar el perfil oblicuo del rostro y caer al suelo, de inmediato. De arrastrarse hasta donde la ceniza revolotea y crepita. De prender, entonces, fuego a todo: afuera y adentro. Al hogar y al paisaje, a la conciencia y a sus zonas de sombra; y que el cuerpo y el alma rindan, finalmente, sus oraciones conjuntas, los últimos efluvios simultáneos de su ser en el tiempo.

 

Els Plecs Ocults

01/02/2013

Ya está en las librerías la traducción de mi libro Los Pliegues Ocultos. Ahora Els Plecs Ocults.

elsplecsocults

Podéis leer un fragmento en la Revista Agitadoras.

Imágenes Urbanas

01/12/2012

La Revista Agitadoras.com acaba de dar a luz su número de Diciembre. Incluye dos breves apuntes inéditos de algo que llevo entre manos (o sobre mis espaldas). Lo podéis leer en este enlace.

Uno de ellos dice así:

Tras la ventana, una mujer se ajusta las medias, en presencia de otra que parece mirarla con una sonrisa en los labios. No sé si habla o si tararea alguna canción. Yo las observo a ambas sin que me vean. Podría ponerles nombres. Isabel y María, por ejemplo. O Virginia y Alfonsina, tal vez. Podría imaginar sus vidas fuera de esa habitación con vistas y convertirlas en heroínas o en víctimas de alguna tragedia. Pero tanto da. La creación es sólo una sospecha. Dentro de un instante, Isabel y María, Virginia y Alfonsina o Laura y Beatriz saldrán a las calles creyendo ser las únicas dueñas de su destino. Y nadie sabrá nunca si eso es así. O no.
 
 Juan Planas Bennásar
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Edén

29/09/2012

Ahora abres la ventana y la línea recta de una sombra se pierde más allá de las calles, en un descampado y en un desierto, en un oasis que imaginas mientras te late el pulso en las venas y observas su gorjeo y piensas en el vientre de una serpiente, en los colmillos de una serpiente, en las palabras de una serpiente y tu navaja de afeitar abre en canal la fruta prohibida y bebes su jugo y te sabe tan dulce la euforia inicial como el resplandor o el estallido del posterior -e inevitable- desvanecimiento.

Pero no voy a ordenar mis pensamientos. Tampoco mis textos. El orden está en ellos sin que yo necesite reconocerles estructura alguna. También está la belleza, que es un no estar, propiamente, sino como un brevísimo suspiro, un pálpito de deseo y placer revolcándose furiosamente ladera abajo de los bosques hasta la orilla de la arena y la espuma del mar muerto. Me alcanza su agua rizada y sé que, muy pronto, me vencerá el sueño.

 

Ese racimo de catástrofes se suceden y, expectante, las sufres sin apenas inmutarte. O gozándolas, porque no crees en el azar y, si las sobrevives, es sólo porque eran inocuas y el lenguaje tiende a exagerar y el ánimo a encenderse y la naturaleza a salvar todo aquello que merece ser salvado…