Arqueología subterránea

Nos han encerrado en una simple gota de agua. Nos entregaron un sobre lacrado con todas nuestras pertenencias. Sabemos que en su interior sólo puede haber unos cuantos folios escritos con caligrafía apretada, unas hebras de vello reseco y unas gotas de perfume sobre la tinta desleída de unas pocas palabras, pero no podemos abrirlo y confirmar su contenido – por eso seguimos escribiendo.

Intentamos recordar.

[ Pero esta especie de burbuja parece tener vida propia. De repente estalla, como si fuera una célula enferma, y dicen que se descompone en otras muchas, pero eso no podemos asegurarlo. Sólo sabemos con certeza que cada vez quedamos menos aquí adentro y se va extendiendo el rumor de que los desaparecidos, aunque invisibles, siguen todavía entre nosotros. A veces, hasta nos parece oírlos, cuando llenamos sus tumbas con la leche fría del alba y los canes negros gimen, entonces, asustados ]

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De  Los pliegues ocultos

Editorial Calima. Colección Territorios 2006

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Han construido una catedral en el centro del cementerio.
No una elegía de cúpulas. No un órgano de agujas
en las venas del légamo. No un torreón de incienso
en un bancal de niebla o en una necrópolis marina.

Han construido un templo en el lecho reseco del río
y hasta allí acuden las barcazas con sus velas de luto
y sus rosarios de madera. Han levantado un monumento
y unos parterres rodeados de flores y alcancías.

Parece que la muchedumbre espera un milagro,
una levitación, un prodigio cualquiera,
un instante de paz o un sarpullido de asombro.

No sé si entrar arrodillado o si hacerlo descalzo.
Temo que al besar tus labios de mármol
se deshaga el hechizo y la multitud nos apedree.