Alguien me está esperando ahí afuera
entre la escarcha y el fuego, el resplandor harapiento de los elementos,
la voz ronca de quien ordena las galaxias
según su nombre auténtico y se coloca un manto estrellado
sobre los hombros y la híspida, electrizada cabellera
cayendo como rayos y truenos sobre mi piel clueca,
el cántico hechizado de las viejas sirenas, el grito
del ángel y el clamor de las comparsas
camino del infierno o de la tierra,
la presencia escondida y difusa con la que llevo intercambiando
secretos y suspiros desde siempre. Desde el principio
de las constelaciones, los astros, mi edad verdadera.

Pasión Impresa, 1984noesdificil

Hipertelía, 1982

30/04/2015

hipertelia-1982retablo

Es paradójico sentirse feliz
en plena hecatombe de los sentidos
(por no hablar del espíritu, leve y atroz, ensimismado)
pese al temor confuso de andar entre los muertos,
sin acabar de ser uno de ellos. No ser uno de nadie
ni de uno mismo. No ser sino el sabor amortiguado
de las palabras bajo el arco tenso de los labios
.

polacra

De esta goleta trato en la página 31 de mi poemario El árbol de Teneré (Editorial Calima, 2012)

Avivamiento

08/10/2014

 

Esta es la hora de mirarse a los ojos y de atender a la complicidad absurda del discurso o del deseo. De iluminar el perfil oblicuo del rostro y caer al suelo, de inmediato. De arrastrarse hasta donde la ceniza revolotea y crepita. De prender, entonces, fuego a todo: afuera y adentro. Al hogar y al paisaje, a la conciencia y a sus zonas de sombra; y que el cuerpo y el alma rindan, finalmente, sus oraciones conjuntas, los últimos efluvios simultáneos de su ser en el tiempo.

 

 

Hace frío y la escarcha sepulta las líneas de mis manos, borra pasado y futuro, y dibuja ampollas de cristal que explotarían, seguro, si intentara acariciarte…